Ultimas lágrimas

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Maricela había llegado aquella noche con tremenda borrachera encima. Afortunadamente no había alguien en casa que pudiera descubrirla. Su hermana se daba tiempo de practicar varios deportes y actividades artísticas en la escuela, y sus padres asistían a numerosos eventos sociales.

La muchacha estaba tan mareada, que no pudo subir las escaleras y se quedó tirada en el sillón, con la televisión encendida para despistar. A los pocos minutos sus padres entraron por la puerta, se veían muy mal, la señora corrió a abrazarla le dijo un par de cosas entre lagrimas, y luego se fue corriendo al piso de arriba.

Parecía algo importante, pero la joven estaba tan inconsciente que poco pudo atender. Además estaba muy ocupada tratando de que su madre no notara el estado inconveniente en que se encontraba.

Al día siguiente, la hermana de Maricela entra al cuarto como todos los días, la golpea con la almohada diciendo: -¡Levántate holgazana!- y sale corriendo. Por efectos de la cruda Maricela no puede seguirla solo correo al baño, y escucha a su madre sollozar dentro.

Fue a otro lugar a volver el estomago, y a su regreso su madre ya estaba en la cocina, solo tuvo contacto con su hermana, que estaba envuelta en un llanto profundo. Quiso consolarla, pero ella le dijo que la quería mucho y que siempre podrá contar con ella, pero que en ese momento necesitaba estar sola.

Maricela baja a desayunar muy consternada, y llena de preocupación le pregunta a su madre si sabe lo que ocurre con su hermana, porque la había encontrado tirada en medio de la habitación llorando a mares, pero no quiso compartirle nada.

La señora la mira con cierto gesto de desconfianza y desaprobación, enjuagando las lágrimas de aquellos ojos tan tristes, muy enojada se dirige a ella: ¡Pero, ¿qué demonios dices?!…tu hermana falleció ayer en un accidente mientras iba a su entrenamiento, ¡te lo dije ayer mientras veías la tele!, pero; ¡Sabrá Dios en qué mundo vives!… que ni la muerte de tu hermana recuerdas.

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