La silla del abuelo

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Pedro había pasado a recoger una silla que le heredó su abuelo, en la cual se acurrucaron muchas veces juntos mientras el anciano le relataba cuentos. Y regresó a casa con una mecedora, sus dos hijos lo sentaron en ella, se acurrucaron y le pidieron un cuento. Realizaron la actividad por un par de días, pero al cabo del tiempo, los chicos perdieron interés.

En una plática ocasional, los niños dijeron que cuando ellos acudían al salón donde se encontraba la silla, «el abuelo» estaba en ella y los invitaba a sentarse en su regazo, para después contarles un cuento. Los padres pensaron que todo fue invención de los pequeños, y el asunto no dio para más.

 Pero; una noche que regresaron tarde a casa, al abrir la puerta, escucharon el chirrido de la mecedora al balancearse. La niñera estaba dormida sobre el sofá, y los dos pequeños se encontraban en la silla, acurrucados sobre una turbulenta sombra que llevaba sombrero.

La mujer que no era tan fácilmente impresionable solo atinó decir –¿Que te preocupa cariño?, a final de cuentas es tu abuelo… es parte de la familia- y el hombre con el rostro desencajado respondía; -Esa no es su silla, pasé a dejarla en restauración y me prestaron otra…!no se quien rayos es ese sujeto!-.

Habiendo dicho esto, intenta acercarse y arrebatarle a los niños, pero antes de que lo logre, el extraño ser se envuelve en una enorme capa, para después desaparecer y llevarse consigo a los pequeños.

Las autoridades no creyeron lo ocurrido, ambos padres fueron a prisión. La mecedora fue devuelta a sus dueños, quienes la vendieron junto a la silla del abuelo para recuperar los gastos de restauración… así que aquella retorcida sombra, se mece en casa de alguien más, atrayendo su próxima víctima.

Autor: Cuentos Cortos

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