La luz del cementerio

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Eran los mismos chicos de siempre, intentando asustar al velador del cementerio como todas las noches. Pero; esta noche algo era diferente. El velador tuvo que salir de emergencia y pusieron a un anciano del barrio a cargo.

Iba entre los corredores el pobre hombre, apenas dando un paso, no quería perturbar a los muertos, ni meterse en su terreno, no es que fuera miedoso, pero siempre va mejor prevenir. Se alumbraba por una vieja lámpara cuyas baterías solo funcionaban si s golpeaban… un paso, un golpe, un paso, un golpe… un paso…un ruido a su derecha… un golpe nervioso… la lámpara no enciende… un ruido a su izquierda… un fuerte golpe a la lámpara… y ¡no hay nada!.

Caminaba más a prisa pidiendo disculpas a los muertos por si acaso les pisaba o rosaba sus tumbas… tres pasos, y unas risas detrás de los arboles… los jóvenes se divertían de los lindo acosando al pobre viejo, corrían a su alrededor haciendo el mayor ruido posible sin dejarse ver, el anciano rezaba, gritaba, imploraba… uno de los chicos le toca la pierna, otro le salta por detrás, dice: -Buuuuu-… y el viejecito cae como tronco levantando el polvo del suelo. Los bromistas sale riendo del lugar y al siguiente día, el viejo es encontrado muerto, había sufrido un infarto.

Se dice que desde entonces, una tenue luz tintinea entre las tumbas, se oyen los quejidos de un hombre y se ve un bulto caminando por los pasillos, los que se quedan hasta tarde, oyen pasos detrás de los suyos y ven una luz que ilumina el camino, cuando voltean a ver quién va detrás… -Buuu-, les dicen y la luz se desvanece.

Autor: Cuentos Cortos

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