El curioso

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Un joven llega a la nueva casa de su abuela para ayudarle con la mudanza. La anciana le sirve una limonada y le indica las cosas que debe poner en cada habitación, como última y más importante instrucción le deja una advertencia: -Hagas lo que hagas no entres en la habitación al final del corredor-.

Pero el chico era demasiado curioso, y con aptitudes de abogado, pensando que le impidieron entrar, no desobedece alguna orden con tal solo mirar. Se agachó frente a la puerta y se asomó por la cerradura.

La habitación era linda, pero más linda era una chica que se estaba desvistiendo para hincarse en una esquina en posición de castigo, el muchacho solo sonrió pero los nervios lo atraparon cuando la abuela le habló desde lejos, despegó por un momento la visión de la cerradura pensando que lo había descubierto, pero al ver que la anciana no estaba cerca volvió su ojo a la abertura… pero; todo estaba completamente rojo

No tuvo tiempo de pensar en una explicación, porque la abuela le cayó a golpes con el bastón: –¿Qué fue lo que viste?, te dije que no entraras…-,-Nada abuela, nada, solo se veía rojo…- La cara de la anciana palideció y le dijo: -Aquí vivió un joven matrimonio… hasta que el esposo se volvió loco, y mató a la pobre de su mujer, la ahorcó tan fuerte y por tanto tiempo, que los ojos se le saltaron y terminaron rojos…-.

La anciana suspira y entona una sarcástica risa que hace temblar las piernas de su nieto al decir: -Parece que no eras tú el único curioso que miraba a través de la cerradura hijo…-

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