Cada noche de Viernes

cuentos cada noche de viernes

Aprovechando que comenzaba el fin de semana, Rodrigo viajó a casa de su abuela, a las afueras de la ciudad, para que ella conociera a su hijo. Al llegar ya había oscurecido, y esta al verlos llegar, al contrario de recibirlos gustosa, salió tratando de correrlos. Rodrigo bajó a su familia del auto, la abuela parecía nerviosa, volteando hacia todos lados, y de inmediato los metió a su casa. Antes de saludarlos, fue afuera cargando un frasco de semillas de mostaza y formó un círculo alrededor del lugar, luego colocó en las ventanas tijeras abiertas en forma de cruz.

El nuevo padre recordó entonces que los campesinos contaban sobre extrañas bolas de fuego que brincan entre los cerros, asegurando que se trataba de brujas que practicaban danzas satánicas y como esclavas de Satán se preparaban para chupar la sangre a niños recién nacidos y practicar diabólicos hechizos sobre la población. Habían escogido los viernes, justamente por rebelión a la religión católica, que llama a sus fieles a no comer carne los viernes de cuaresma.

El hombre trataba de calmar a la abuela, y de repente un fuerte viento azotó las ventanas haciendo vibrar toda la casa, comenzaron los parpadeos de luz, había muchas bolas de fuego suspendidas en el aire, volado en círculo alrededor de la casa, como cuando los buitres merodean comida. La mujer citadina sostenía al bebé en brazos, distraída mirando hacia las luces. De pronto una vecina empujó bruscamente la puerta diciendo: -Hay un guajolote en el techo, las Tlaciques bajaron del cerro-

El bebé comenzó a llorar con más fuerza, porque tenía sobre su mejilla un hilo blanco que bajaba del tejado, la abuela lo cortó con un cuchillo, y brotó tanta sangre que manchó la cara del bebé, se escucharon unos fuertes aleteos y durante toda la noche las brujas de fuego seguían merodeando el lugar, juntando una a una las semillas de mostaza para poder entrar.

Estos seres solían verse solo en zonas rurales, pero últimamente también se presentan en las ciudades, y es que tal como los animales, sus fuentes de alimento se están acabando, y necesitan buscar en nuevos lugares.

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