Martes 13

cuentos de terror martes 13

Los chicos de la calle Romero habían estado esperando el martes 13, para asustar a sus supersticiosas vecinas. Ellas pusieron todas las escaleras en el suelo para evitar pasar debajo y guardaron los espejos, pues no quería romperlos, los 7 años de mala suerte se duplican en un día como este, y pocos podrían aguantar 14 años de infortunio.

Paco y sus amigos se dieron a la tarea de reunir unos cuantos gatos negros, mascaras horrendas, sonidos siniestros y le encargaron la vigilancia a Pedro, para que les avisara cuando todas llegaran a la reunión de tejido en la casa de Luisa. A eso de las ocho de la noche después de un chiflido; varios chicos disfrazados de criaturas horrendas salieron de las casas vecinas cargando los gatos en costales, entraron por la puerta trasera, irrumpieron en el salón, saltando, gruñendo y arrojando gatos negros por los aires; pero, todas las sillas estaban vacías… cosa extraña porque al ver por la ventana aun se apreciaban las sombras de mujeres tejiendo.

Se quitaron las mascaras algo decepcionados, y fueron atraídos por el sonido de un canto grupal en una lengua extraña. El ruido los llevo ante una puerta al final de la casa, por debajo se escapaba una inconsistente luz y un humo denso que esparcía un olor nauseabundo. Paco se asomó por la cerradura, y dentro vio un grupo de bellas mujeres con poca ropa invitándolo a pasar. La sonrisa fue más grande que su rostro y a toda prisa entró en la habitación, llevando a sus amigos con él.

Fueron rodeados por todas las chicas, mientras una de ellas, aventaba unos polvos en una pequeña hoguera encendida en el medio de la habitación… -El infierno quiere volver a arder-,
decían todas al unisonó, mientras su bella apariencia se les derretía del cuerpo como vela en un horno. Sonrisas macabras nublaban la razón de los chicos; y las horribles brujas les clavaban sus afiladas garras en brazos y piernas para usar su sangre como tinta y dibujar un pentagrama en el suelo.

Al terminar los reunieron a todos ellos en el centro, rodeados de velas negras, y objetos macabros. -El infierno quiere volver a arder-, decían todas de nuevo, y los chicos pataleaban ante el destino de convertirse en sacrificio para el señor de las tinieblas. Tanto lo hicieron, que Pedro tiró una de las velas sobre la ligera tela que una de las brujas usaba como vestido, y la hizo arder en un parpadeo. Las que quisieron ayudarla se envolvieron en llamas también y entre tantos cacareos los muchachos salieron a rastras escapando del fuego…del que ellos habían provocado, y del que estaba a punto de llevarlos hasta el infierno.

Mientras estaban tirados en el pasto, tratando de aclarar lo sucedido, tres bolas de fuego rompieron el techo y se fueron volando, anunciando volver para el próximo martes 13, cuando sus fuerzas se hubiesen recuperado.

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