Archivo de la categoría: Leyendas cortas

Leyendas cortas

Leyenda de la Escuela de Periodismo UVM

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Existen diversos lugares, casas o edificios, en donde se presentan fenómenos paranormales, para los cuales algunas veces no se encuentra una explicación lógica. La presencia y aparición de personajes extraños, los ruidos, luces que se encienden y se apagan solas, sombras, voces, pasos, gemidos, golpes en las paredes, puertas que se abren y se cierran… por supuesto no puede faltar aquella inquietante sensación de ser observado, o de sentir una presencia la cual no se percibe con los ojos, o peor aún, que está a sus espaldas.

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En el pegamento de los sobres

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Aunque las personas suelen pensar que en estas épocas, utilizar sobres ya es algo del pasado, aun existe mucha gente que por una u otra razón se ve en la necesidad de usarlos, y tienen como costumbre chupar el pegamento para que este se active… lo cual parece buena idea en ese momento, pero en realidad no lo es… si no lo cree, atienda al siguiente relato.

Una mujer trabajaba en una oficina de correos en California. Un día la esponja que utilizaba para mojar el pegamento de los sobres, estaba seca, y para evitar moverse de la silla, simplemente lamió los sobres y las estampillas. Realizó la operación varias veces, hasta que se cortó la lengua, simplemente limpió la sangre y no le dio más importancia. Sigue leyendo

Leyenda de la viuda del tamarindo

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Desde los más remotos tiempos, circulaba en ciertas regiones la idea de que cualquier árbol de tamarindo es una planta que atrae espantos y apariciones sobrenaturales. En lo que fuera La Quinta Pareja, una finca abandonada había uno de estos árboles, del cual se desprende la leyenda contada a continuación.

A los tunantes, o sea las personas que andaban tras del trago, que iban solos, de camino a casa, se les cruzaba por enfrente una bella mujer bailando con rápidos pasos, elegantemente vestida de negro, con un espeso manto, llevaba la cabeza y casi todo el rostro cubierto. En ese tiempo no había mucho alumbrado para distinguirla bien, así que el trasnochador, la seguía. Ella caminaba rápidamente largos trechos, detrás de ella venia el ilusionado tunante cansado por el ejercicio. La mujer lo llevaba siempre a un tamarindo añoso en medio de la finca, ya casi al pie del árbol, ella se volteaba, quitándose de la cabeza el grueso manto, y enseñando la horrible y fantasmagórica presencia de una calavera de la muerte envuelta en ropas femeninas. Sigue leyendo

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