El auto fantasma

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La noche se tornaba tenebrosa, unas densas nubes negras cubrían la luna y en medio de la penumbra solo se escuchaba el fuerte aguacero que golpeaba el asfalto. Por ahí caminaba un pobre desafortunado, que debido a su mal aspecto, ya ni si quiera hacia el esfuerzo por pedir aventón, y se dejaba mojar por la fría lluvia.

El clima empeoraba y el triste sujeto tiritaba de frio, apenas podía ver el tormentoso camino que estaba frente a él. Sus pasos se volvían cada vez más lentos, estaba a punto de sufrir hipotermia y creyó estar alucinando, cuando un elegante coche se ahorrillo junto a él y abrió la puerta trasera.

No estaba en posición de dudar, así que solamente entró en el coche y cerró la puerta. Sacudiendo la cabeza y quitándose la capucha, se disponía a dar la gracias al amable conductor, pero se encontró horrorizado con que: ¡no había nadie al volante! a pesar de que el auto había reanudado su marcha.

Sus intentos por salir de la unidad fueron fallidos, y al poco tiempo, su cuerpo empezaba a desarrollar cierta rigidez, presa del espanto que le producía la velocidad a la que aquel auto se movía al parecer conducido por alguna fuerza extraña y sobrenatural.

Derrapaba en cada curva, amenazando con caer por el despeñadero, robándole hasta el aliento al horrorizado sujeto que había clavado sus uñas en el asiento trasero desgarrándolo por completo en tales momentos de desesperación.

Por un momento cerró sus ojos creyendo que era el fin y al abrirlos se encontraba tirado en la puerta de un bar, en el cual no dudó en entrar y pedir un fuerte trago para bajarse el susto, al cantinero le contó lo ocurrido como si se tratara de un mal sueño. Y se hizo un silencio casi sepulcral en el pequeño lugar.

Le contaron que años atrás, una pareja que iba de paso, recogió a un extraño en la carretera y este los asesinó, los metió en el portaequipaje y después empujó el auto en una curva.

Los datos del vehículo coincidían a la perfección y todos estuvieron de acuerdo en que aquella noche, había corrido con mucha suerte, porque probablemente aquella pareja había vuelto de ultratumba para recoger viajeros en el camino, esperando encontrarse con su asesino.

Autor: Cuentos Cortos.

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