El Hijo equivocado

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La casa ahora se veía demasiado grande, antes el espacio era perfecto para la gran familia que vivía en ella, pero se había convertido en una enorme prisión de recuerdos para el pobre hombre que se había quedado solo, después de que su esposa y cinco hijos habían muerto en una carambola en la carretera.

Al paso de los días recobró su rutina, aunque con ciertos cambios: llegando a casa cenaba comida rápida frente a la tv, y fue entonces, que se escucharon algunos pasos en el piso de arriba; con lámpara en mano, corrió a revisar, pero al pisar el primer peldaño de la escalera, de la cocina salieron algunos ruidos mas, y se dirigió hacia allá lentamente, estaba dispuesto a tirar golpes por todos lados, cuando al encender las luces se dio cuenta de que se trataba de un gato hambriento que buscaba entre las sobras de la basura que había acumulado por días. Sigue leyendo

En la estatua del Ángel

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La vida en aquel pueblo era muy tranquila, tal cual como cada quien la quería y lo más perturbador que llegaba a suceder, eran los griteríos de los pequeños al salir de la escuela.

Por la casa de de Don Pancho, pasaba todos los días Flor, una niña de apenas ocho años, que el viejo quería profundamente, pues se le parecía mucho a una nieta fallecida a la cual también adoraba. El anciano le decía de forma amorosa “Niña Bonita” y ella lo nombraba “Cabeza de algodón”.

Debido a la avanzada edad del Señor, un día cayó en cama, y no pudo levantarse mas, la niña bonita pasaba por su casa a diario para pedirle que se recuperara pronto e ir juntos a la plaza. Sigue leyendo

Un mundo como el nuestro

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Aquel día pintaba extraño para Preston; lo último que podía recordar es que se dirigía con su familia al centro comercial y que de pronto su auto fue golpeado por detrás y perdió la consciencia. Y ahora se despertaba en aquel extraño lugar, donde el aire estaba aromado con olor a podrido, tenía el cuerpo completamente cubierto de lodo, solo se le podían ver los ojos, como a cientos de personas más que trabajaban arduamente en el cauce de un rio de aguas negras.

No había un sol en el cielo, pero una luz venida de algún lugar, impedía que aquello estuviera en penumbras. A su lado derecho había enormes piletas con un brillante líquido verde, donde las personas echaban constantemente unos turbios cristales azules, que recogían entre los desechos. Sigue leyendo